
Las risas que oí a lo lejos, ese sonido de guitarra, la destreza a la hora de golpear esa caja de zapatos y aquella voz quebrada, que mucho le debía al frío, o quizá al tabaco...pero a mí me pareció el sonido más dulce del mundo...
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Aquel hombre, que asomó su cabeza por la puerta de madera y pidió silencio.Se rió de tal forma que a lo lejos pude apreciar sus arrugas, y sin decir ni una palabra,volvió a casa...
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FELICES
[Noche italiana*
Piazza Navona
(y todo a cambio de nada)
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