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Con la intención de poner un mota de color, un matiz distinto a aquel lienzo. Con la inocencia del color amarillo, del olor a polen que rebosaba su calle. Un punto de nostalgia, a toda aquella ruina, que olía a cerrado, a estiércol, a verja oxidada...Pensó, que la sangre que recorría sus venas se parecía a esa verja, ambas gozaban de la presencia de hierro, quizás su sangre también estuviera oxidada, se asustó, y alejó ese pensamiento.

Detuvo la mirada, el humo salía de las chimeneas. Al principio gozaba de su color negro característico. Conforme ascendía, adquiría un color cada vez más blanco, más limpio. No pudo evitar buscar semejanzas, se sentía del mismo modo, quizá sus pulmones estuvieran cargados de humo, quizá esa mugrienta sensación que le amenazaba desaparecería con su ascenso.

Buscó desesperadamente por toda la calle. Subiría a un tejado, encontró la forma de mirar al abismo, sintió respeto. Se dejó llevar por él.

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