Frágil




Al final del angosto pasillo, sólo se podía vislumbrar una endeble figura. El tick-tack del reloj, retumbaba en mi cabeza, lo sentía como mil voraces puñales, las paredes impregnadas de sutilidad, y sus pasos avanzaban con una insegura certeza. Un desazón, un brote de nostalgia que se apresuraba a colmar todo el espacio, y el pasillo era cada vez más estrecho y sus piernas eran cada vez más enclenques. Ya no podría servir de soporte a nadie, quizá una pluma que rozara sus rosadas mejillas podría derribar su frágil estructura, como palillos ubicados caprichosamente por una mano inocente. Tan sólo sus ojos delataban un vestigio divino, la inmensidad del océano, la inmersión de un batiscafo en las profundidades, una historia aún no revelada por un perturbado lobo de mar...

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