Sentirse del revés y utilizar cada inútil pensamiento para avanzar, encontrar las palabras adecuadas para, como siempre, acabar retrocediendo. Esconderme en cada uno de los pliegues que tu piel me ofrece, y hallar la forma de caminar hacia delante en horizontal contando los pulsos que tu pecho me ofrece.

Es efímero, insignificante, pero es la representación más lógica e inherente de la sincronización. La nuestra.